No es correcto pensar que el ir por la vida haciendo daño, maltratando a personas que no conoces y manteniendo una actitud violenta y agresiva, sea una conducta aceptable; es algo totalmente inaceptable. Es tener dos vidas y varias personalidades, donde tu petulancia y el exceso de ego te hacen creer que eres un letrado y hasta un pastor, cuando en realidad actúas como un pastor del diablo. En esta escena de la vida real, como en una telenovela de doble moral, te muestras malvado, maldito y despiadado cuando ves que otro va ascendiendo o que ya ha llegado a la cima. Se te nota ese doble accionar y un odio interior que te nace al ver que otros han logrado lo que tú no has podido; debes entender que es obligatorio aprender a lidiar y a respetar el progreso ajeno.
No puedes seguir sintiendo que tienes el derecho a agredir verbal o físicamente a gente que no conoces y que nunca te ha hecho daño, personas de tu mismo sector o fuera de él que decides atacar solo por un afán de querer trascender haciéndole daño al prójimo. Eso es una muestra muy amplia de lo que es el maquiavelismo, la mezquindad, la envidia y el odio hacia lo que Dios ha premiado, hacia seres que no tienen la culpa ni de tu mala suerte ni de tus frustraciones. Debes comprender que la ética no es solo ir a la universidad y ser un profesional; es necesario que en estos tiempos de inmediatez y de juicios digitales se mantenga la coherencia humana del respeto al derecho de los demás.
La esencia de la existencia no es simplemente vivir, ni ir por la vida haciendo daños, tratando de matar reputaciones y tratando de desaparecer el legado y los aportes de gentes que han trabajado para aportar y ganarse una posición en la sociedad, personas que no tienen nada que ver con tu fracaso. No es correcto ir por el mundo chocando y hiriendo desde tu interior, desde un interior que se nota muchas veces que no puedes controlar y que actúa como una bestia, sin detenerte a revisar tus actuaciones para no seguir creándote un ejército de enemigos innecesarios. Golpeas sin conocer los valores, la espiritualidad o la libertad con la que el otro disfruta su camino. El no lograr ser como los auténticos exitosos que Dios ha iluminado y cuidado no es casualidad; es porque Él sabe bien cómo es y cómo actúan el alma y el espíritu de las personas buenas.
Reflexión Letal de Luis Medrano. Sean buenos siempre, mantengan la fe.







